Al poder por el arte

Juanmi Llondolar Baby
Fotografía: ELENA DEL CASTILLO

Genialidad y humildad suelen ir de la mano, de igual modo que genialidad y soberbia tienden a unir sus caminos. Nuestro protagonista, Juan Miguel Redondo (Manzanares, Ciudad Real, 1979) —a.k.a. Juanmi Llondolar Baby— se enmarca dentro del primer epígrafe, subgrupo ‘artista con tendencias obsesivas’ —más o menos controladas— que no encuentra mayor placer que perderse en el universo alquímico de sus laberintos. Llondolar Baby pinta ‘cabezas en apuros’ que muestra diseccionadas obligándonos a ejercer de forenses de una realidad en la que mandan mecanismos rudimentarios, circuitos electrónicos imposibles y tuberías rebosantes de color. Una odisea colosal empeñada en entender la sinapsis que da pie a la magia de la existencia. 

Más allá de tanta trascendencia, Juanmi es un chico de pueblo —sanote y divertido— que empezó a crear jugando con lo que tenía a mano: frenos de bicicletas viejas, juguetes rotos, huesos de patas de jamón y chapas cargadas de millones de posibilidades. Artífice de series de autos locos, traficante de armas imposibles, escenógrafo galáctico… Etiquetar a este artista es misión casi imposible. Vamos a intentarlo.

Vivir del arte es un desafío complejo, más en nuestro país. A pesar de haber expuesto en Madrid y en distintas ferias de arte de España, Alemania, Canadá y Suiza, Juanmi Llondolar Baby —como tantos artistas— sobrevive trabajando duro en otras realidades que nada tienen que ver con su talento. Sin embargo, Instagram, la suerte y el respaldo de su prolífico porfolio han conseguido que varias de sus obras hayan entrado a formar parte de la Colección SOLO, el fascinante —ya estás tardando en descubrirlo— proyecto internacional con sede en Madrid creado por la pareja de mecenas Ana Gervás y David Cantolla —coautor de la serie de éxito mundial ‘Pocoyó’— para fomentar, apoyar y compartir el arte contemporáneo-contemporáneo.

Juanmi Llondolar Baby, creador de armas de felicidad masiva © Elena del Castillo

¿Quién manda más: Juan Miguel Redondo o Juanmi Llondolar Baby?
Nunca me había parado a pensar que fuesen dos personas, pero si lo fuesen, normalmente, sería Juanmi Redondo el que llevaría la iniciativa porque es el que controla, el metódico y perfeccionista. Llondolar Baby es un flipado, un echao pa’lante que —sin saber muy bien cómo— tiene una ocurrencia y consigue que todo fluya hasta salirse con la suya.

«Llondolar es el que provoca accidentes, el que lo estropea todo y hace que la obra no resulte tan perfeccionista y racional. Redondo está encantado de que Llondolar Baby se vaya y vuelva, porque siempre se echan de menos, se ayudan y no pueden vivir el uno sin el otro» (Risas)

¿Siempre has dibujado?
De pequeño le cogía las quinielas a mi abuelo y en los cuadradillos hacia mis cosillas.

«A los cochecitos de juguete les pintaba fuego en las llantas con esmalte de uñas de mi madre»

Y, por supuesto, decoraba los libros del colegio; los de Historia acababan con mostachos por doquier. (Risas). En la escuela dibujaba mejor que la mayoría, lo cual no es decir mucho porque había poco nivel. Ya en Bellas Artes, en Cuenca, me di cuenta de que dibujar era otro rollo y que tendría que sudar tinta y hasta carboncillo. (Risas). Pero sí, dibujo desde siempre. 

‘Superman en apuros’ de Juanmi Llondolar Baby © Elena del Castillo

¿En tu casa hay antecedentes artísticos?
Pues no, aparte de dos primos de mi madre que si tenían interés y buena mano, nada. Lo que sí hay en mi familia es mucho ingenioso y hasta algún que otro humorista aficionado.

Tu obra oscila entre las impactantes representaciones en lienzo de seres orgánico-mecánicos, los artefactos mágicos imposibles —que fabricas con huesos de jamón, palos, trompetas o lo que sea— y las máscaras de demonios —hechas con plásticos y juguetes que te encuentras por ahí—. ¿El niño sigue presente?
De pequeño yo quería ser inventor, astronauta o payaso. Me flipaban las pelis del futuro y Charlie Rivel, el payaso de la tele, con su silla y su guitarra. Era lo que más me llamaba la atención, poder viajar hasta los confines del universo como en ‘Star Trek’ y gastar bromas y partirme de risa con cualquier cosa.

«A lo mejor de niños, sin darnos cuenta, vamos fabricando el modelo de adulto que queremos ser cuando construimos un disfraz o una coraza, cuando jugamos a ser diferentes por fuera. Detrás del disfraz siempre hay un niño»

Llondolar Baby recibiendo instrucciones para la próxima obra genial © Elena del Castillo

¿En qué momento decides estudiar Bellas Artes?
Al acabar quinto de técnico electricista, que es lo primero que estudié, me di cuenta de que tras las teorías de la electricidad todo eran prodigios y milagros, y eso mola mogollón.

«Pero en las prácticas descubrí que ser electricista era subirse a escaleras altísimas o meterse por arquetas y otros vericuetos. Los entresijos del mundo electricista no me convencieron nada, así que aparqué esa profesión»

Como me seguía dedicando a pintar en algún cursillo de barrio y me gustaban muchísimo los cómics, llegué a la conclusión de que todavía estaba a tiempo de ir a la universidad; en principio para estudiar una carrera técnica, pero se ve que la cabra tira al monte y no lo pude evitar. Me metí en Bellas Artes, el camino más incierto, sin saber hasta dónde me llevaría. Hoy me alegro un montón de haberlo hecho.

¿Quién te descubrió?
Un día vino a la facultad un señor que era amigo de un profesor y, de vez en cuando, le visitaba. Era anticuario y al mismo tiempo un apasionado del arte contemporáneo. Viendo las marcianadas de los alumnos en los talleres de pintura pasó por delante de mis cuadros —yo no estaba—, le gustaron y quiso conocerme en la siguiente visita.

«Era un señor que parecía muy serio, pero que tenía un lado gamberro, se sentía feliz sentado en una silla mientras le enseñaba un cuadro tras otro. Le cambiaba la cara como a los perros cuando los dejas sueltos por el campo. Le gustó un montón mi trabajo y me compró prácticamente toda la obra»

Tendría yo 21 o 22 años y no sabía ni lo que tenía que pedir por un cuadro. Ese señor acabó abriendo una galería en Madrid y así empecé a exponer, a ir a ferias, a meterme en este mundo y a seguir pintando.

‘Cabeza en apuros’ de Juanmi Llondolar Baby © Elena del Castillo

¿Cómo era la obra que te compró?
Eran los cuadros que yo estaba haciendo para clase, sin intención de exponer ni vender, simplemente esperaba aprobar pintura con ellos. Los pintaba solo para mí y siempre lo más grandes que se pudiera, ya que teníamos unos talleres de pintura bien hermosos.

«Eran puro experimento, ponía la música a tope y me dejaba llevar»

Háblanos de tus ‘cabezas en apuros’.
Representan cabezas por dentro, o algo así, y en apuros porque me suelen salir bastante complejas. Las primeras eran cuadros muy grandes y me gustaba petarlos. Me invento cosas no vistas jugando, cosas que salen solas, y otras que son el resultado de salvar los apuros en los que yo mismo me meto al pintar. Son estructuras que cuentan historias; por ejemplo, si decido dibujar un ‘Superman en apuros’ recurro a situaciones relacionadas con él tirando también del sentido del humor. Siempre que puedo, me gusta meter chistes en mis cuadros.

«Que una cabeza sea una máquina, en sí mismo, es una ironía. Las cabezas que dibujo —como la mía— son máquinas poéticas porque fallan, meten la pata y se ven en apuros»

Aparte de las cabezas tengo más temas, siempre estoy buscando pretextos nuevos con posibilidades.

Llondolar Baby a la conquista del especio exterior © Elena del Castillo

Otras de tus fijaciones son las máscaras, los disfraces, las armas que creas con huesos de animales, muletas o cualquier chisme que te encuentres. ¿Por qué te da por ahí?
No lo sé, surgió así. En Cuenca vivía en el casco antiguo en una casa muy vieja y no importaba lo que en ella hiciera porque cualquier ‘intervención’ la mejoraba. Tenía una buhardilla en la que monté una especie de nave espacial, con su parabrisas —en el que pinté el espacio con las estrellas y los planetillas—, su volante y su cuadro de mandos, con bien de luces de navidad. Me hice un traje de astronauta y armas con palos, muletas viejas y lucecitas que les quitaba a los gorritos de Papa Noel.

«Desde entonces no he dejado de crear armas y personajes que guardaba para disfrazarme cuando hacía fiestas. Eran para mí, hasta que alguien los vio, les dio otra importancia y me los pidió para una expo. Desde ese momento empecé a ver mis armas y mis disfraces como una herramienta a través de la que canalizar mis deseos de poder» (Risas)

Pero yo soy pacifista, que conste. Mis armas no son para destruir, son para crear y reír. En vez de hacer agujeros y provocar estropicios, como las normales, las mías producen maravillas y prodigios fenomenales a voluntad gracias al poder de la imaginación. (Risas). ¡El arte al poder!

¿El arte al poder o al poder por el arte? © Elena del Castillo

¿Cómo definimos lo que haces?
Yo me veo en un escenario como un mago.

«Si alguien se me acerca tengo que impresionarle sacando algo de la chistera, algo que me sorprenda a mí también, como si de un truco que funciona solo se tratase»

Y ahí estoy yo, pincel en mano, ejecutando trazos al servicio de la magia y haciendo que todo sea verdad. Mi intención es activar imaginaciones y despertar la curiosidad.

La obra ‘Máquina de besos’, de Juanmi Llondolar Baby, forma parte de la Colección SOLO © Elena del Castillo

Hace poco, varias de tus obras han pasado a formar parte de la Colección SOLO, probablemente la selección de arte contemporáneo internacional más importante de España. ¿Cómo te sientes?
Muy contento, naturalmente. Yo ya conocía la Colección SOLO porque un amigo me propuso visitarla y me flipó muchísimo. Todos los artistas que me interesan están allí juntos con unas piezacas tremendas. De la mayoría no había visto su obra más allá de un libro o una pantalla.

«La Colección SOLO es exactamente todo lo que yo metería en el Arca de Noé si viniese el diluvio universal. Cuando me llamaron no me lo podía ni creer, porque en ese momento no tenía ni galería ni demasiados seguidores en Instagram, que es donde me encontraron por casualidad»

Binoculares de visión exactísima especialmente recomendados para adentrarse en el planeta de Juanmi Llondolar Baby © Elena del Castillo

El simple hecho de que mi obra les pareciese interesante, por un lado, y que hora yo esté ahí entre mis ídolos, por otro, es algo que agradezco muchísimo. Ahora, si me invade la tentación de tirar la toalla, pienso en que formo parte de la Colección SOLO, en que hay gente como ellos que valoran mi trabajo, y sigo para adelante.

¿Qué te hace feliz? «Vender cuadros. (Risas). Y más cosas, sobre todo las buenas compañías»

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