Confianza y honestidad

Carlos Franganillo

[Entrevista publicada originalmente el 26 de febrero de 2021]

Tras soñar con ser arqueólogo o policía, Carlos Franganillo (Oviedo, 1980) apostó definitivamente por el periodismo y por desarrollar su latente superpoder: separar la verdad del ruido.

El ahora presentador del Telediario de las nueve en La 1 de Televisión Española ha conocido de primera mano la información local —esa «gran escuela» — y la internacional, gracias a sus corresponsalías en Moscú y Washington. Solo unos días después de haber recibido el Premio al Mejor Periodista de 2019 que entrega la Asociación de la Prensa de Madrid, nuestro protagonista confiesa que no es de los románticos del periodismo, pero sí de los que se obsesionan con la responsabilidad implícita de esta profesión.

Los nervios del directo los combate tirando de su privilegiada memoria y emulando a algunos de los pesos pesados de la información de este país, léase Ana Blanco o Lorenzo Milá. De mayor se ve haciendo lo mismo, reportajes. Pero como todavía queda mucho para eso, ahora pelea por reconquistar la perdida normalidad al tiempo que anhela que el sosiego vuelva a la escena política de nuestro país. Un tipo estupendo este Franganillo.

Acabas de recibir el premio al Mejor Periodista de 2019 de la Asociación de la Prensa de Madrid. ¿Qué significa para ti este premio concedido por los propios compañeros?
Estos premios son los mejores. Es un gran halago y un honor que los compañeros valoren tu trabajo. Es cierto que los premios me abruman un poco porque añaden responsabilidad, pero también aportan un impulso profesional y me estimulan para seguir. En este caso, como es un premio por mi labor en la tele, creo que tendría que ser compartido con todo el equipo que hace posible que cada día salga adelante nuestro trabajo.

¿Naciste o te hiciste periodista?
Quise ser muchas cosas que fueron cambiando a medida que pasaba el tiempo. Quise ser arqueólogo, policía… pero lo cierto es que el periodismo siempre me interesó porque desde muy pequeño veía las noticias y leía el periódico.

«Recuerdo que de niño enviaba artículos y dibujos a la sección infantil de La Nueva España. Tengo uno guardado de cuando tenía 9 años en el que decía que quería ser periodista»

Algún interés debía tener ya por la profesión. (Risas).

Carlos Franganillo en el flamante plató del Telediario © RTVE

¿Cómo se tomaron tus padres que quisieras estudiar Periodismo?
En mi generación quizá existía todavía un poco de rechazo a esta profesión. Yo quise estudiar Comunicación Audiovisual y mis padres estuvieron de acuerdo en que hiciera lo que quisiera. No es fácil como padres apoyar a un hijo en una carrera, a priori, incierta. Salió bien y siempre se lo agradeceré porque la alternativa habría sido estudiar algo para lo que no habría estado motivado.

Asturias es tierra de grandes periodistas. ¿Eres la cabeza visible de la nueva generación de buenos periodistas asturianos?
(Risas). Es verdad que para ser una región pequeña en cuanto a población hay mucha gente relevante y destacada en los medios, pero no me considero cabeza de nada, ¡en aboluto! Yo solo trato de hacer bien mi trabajo día a día.

En todo periodista hay un defensor de la justicia y la verdad. ¿También en ti?
Trato de ser poco romántico con la profesión. Sí me obsesiona la responsabilidad que tenemos los periodistas y los medios de comunicación, pero doy de los que interpretan el periodismo de una manera bastante técnica.

«El trabajo del periodista tiene que limitarse a ir a los sitios, ver lo que ocurre y contarlo de la manera más honesta. Con escuchar las diferentes voces, asimilarlas, entenderlas y transmitirlas, el periodista cumple su función»

Si es capaz de separar el grano de la paja, lo que es verdad de lo que es mentira, la realidad del ruido, el periodista ya está haciendo bien su trabajo.

¿Recuerdas tu primera noticia publicada?
Recuerdo que mis primeras prácticas, cuando aún estudiaba Comunicación Audiovisual, fueron en Tele Asturias, donde, entre otras tareas, trabajaba con noticias internacionales que llegaban a través de Reuters. Fue una experiencia muy estimulante que, luego, me impulsó a estudiar también Periodismo. Más tarde hice prácticas en La Nueva España con crónicas de Oviedo y de los pueblos del alrededor. La más importante fue una sobre bosque que habían repoblado y para la que tuve que escribir ¡una página entera! (Risas). 

¿Qué es lo que más te gustó del periodismo de provincias?
El periodismo local te obliga a cambiar de tema constantemente, y eso te aporta una gran riqueza porque te obliga a ser versátil y a tener muchos reflejos, aprendes a ser un todoterreno.

«El periodismo local es una gran escuela»

Es muy parecido al trabajo de corresponsal porque haces de todo, desde noticias de agricultura, a crónicas de análisis político, pasando por temas sociales.

A sus 40 años, Carlos Franganillo se ha convertido en un referente de credibilidad (este plató del Telediario es el antiguo, pero el posado nos gustaba más) © RTVE

Trabajaste en el departamento de prensa de la Fundación Príncipe de Asturias. ¿Qué aprendiste en esa época?
Aprendí el trabajo del otro lado, el de la comunicación, y a ponerme en la piel de otros compañeros que asumen otro tipo de tareas. La Fundación me dio una nueva dimensión de esta profesión. Todo enriquece y suma.

¿Prensa escrita, radio o televisión?
Me quedo con la televisión. Primero, porque siempre me ha interesado mucho el tema audiovisual; mi primera intención era hacer cine y documentales. Y, segundo, porque creo que el relato audiovisual es el más potente para transmitir sensaciones y hechos.

«La imagen mezclada con sonido y narración sigue siendo muy eficiente»

En 2008 entraste en TVE al aprobar una oposición. ¿Qué tal os lleváis los periodistas de oposición con los elegidos a dedo, que haberlos haylos?
Radio Televisión Española es un lugar muy complejo y en cuanto a las contrataciones todavía más. Dicho eso, muchas veces no tengo ni idea de si alguien ha entrado por oposición o no. Hay de todo. Lo que sí sé es que hay muchísima gente que está con contratos temporales, interinos en una situación muy compleja que no se acaba de resolver.

«Creo que uno de los grandes problemas de RTVE es la incapacidad para retener talento»

Al margen de que pueda haber contratos externos, muchas veces grandes profesionales que han estado formados en RTVE acaban yéndose a televisiones privadas por una política de contratación que nos tiene maniatados.

¿Qué tipo de temple hay que tener para hacer un directo?
No creo que haya un secreto sino trucos que se pueden ir aprendiendo, pero sobre todo influye la manera de ser de cada uno. Hay a quien le impone muchísimo el directo y le acogota que le estén viendo millones de personas, y hay gente, como yo, que no siente esa presión porque no me siento tan observado. Yo me apoyo mucho en mi memoria —que de momento es buena— y me proporciona cierta seguridad en el caso de que haya problemas técnicos.

¿Cuál ha sido tu peor momento en un directo?
Bueeeno. (Risas). Uno todavía es inexperto en el plató y a veces he hecho algún comentario con el micrófono abierto. Cuando pasa eso quedas en evidencia ante la audiencia.

«En el plató no hay que bajar la guardia jamás»

Hay muchos profesionales de los que aprender en TVE, gente como Ana Blanco o Lorenzo Milá y sus muchísimas tablas.

Ovetense de pro, Carlos Franganillo es digno heredero de la prestigiosa escuela de periodistas asturianos que han traspasado fronteras © RTVE

¿Añadirías algún nombre más a esa lista de maestros?
Lorenzo y Ana son un referente a la hora de transmitir confianza, serenidad y honestidad. Y luego, como gran parte de mi carrera la he desarrollado en el reporterismo, siempre me han gustado mucho las crónicas de Rosa María Calaf o las que hacía Arturo Pérez-Reverte en los 90 desde los Balcanes. Tengo muchos referentes estupendos dentro de la casa.

Hablemos de tu época como corresponsal en Moscú (entre 2011-2014) y Washington (2014-2018). ¿Cómo fueron aquellas experiencias?
A la de Moscú le tengo un enorme cariño, fue una gran escuela porque allí se vivían tiempos agitados y profesionalmente muy interesantes.

«Moscú es un lugar muy hostil al que se llega con muchos prejuicios. Mi gran desafío fue despojarme de ellos para transmitir información relevante sin caer en clichés»

En Washington la agenda te la marca la política americana y la mayor parte de las veces no tienes tanta independencia para hacer otros temas. Vas un poco a rebufo.

¿Qué noticia te gustaría dar? «Me gustaría vivir en un clima político más sosegado. Creo que esta ola de soflamas radicales, populistas y polarizadoras no trae nada bueno y están deteriorando enormemente el discurso público»

¿Serías capaz de pasarte algún día a la política?
No, en absoluto. No son mundos compatibles y, además, no tengo ningún interés. Admiro a muchos políticos que desarrollan un trabajo positivo, admiro sobre todo su capacidad de resistencia.

«La política no es un mundo fácil cuando uno tiene buenas intenciones»

Solo una sobre la pandemia. ¿Crees que los medios de comunicación han informado bien sobre el coronavirus? ¿Se ha metido más miedo a la gente del necesario?
No creo que hayamos metido miedo.

«Es cierto que hemos puesto muchas veces el acento en el peligro y en las consecuencias negativas que podría tener el aumento de los contagios, pero creo que es una labor de servicio público»

Esta crisis no hay que verla solo desde un punto de vista sanitario porque tiene muchas otras repercusiones, como las de todos aquellos que se han quedado en el paro. Hay mucha gente que se está arruinando y se está quedando en la calle. Una cosa lleva a la otra y de ahí que la gestión política de todo esto esté siendo tan complicada. Es como trabajar con 20 platillos a la vez e intentar que todos estén en equilibrio. Todo está conectado.

Carlos Franganillo recibió —el pasado 9 de febrero— el premio al Mejor Periodista de 2019 (la ceremonia no pudo celebrarse en 2020) que otorga la Asociación de la Prensa de Madrid de manos de Felipe VI y Letizia Ortiz © RTVE

¿Es serio que se dediquen al fútbol y a sus multimillonarios protagonistas tantos minutos en los informativos de nuestra televisión pública?
Yo no soy nada futbolero, pero entiendo que hay que dar información de fútbol. Es un asunto que interesa a muchísima gente y mueve audiencias millonarias, pero el tiempo de deportes en TVE es el más polideportivo de todas las televisiones españolas. Quizá porque no tenemos los derechos de fútbol y no podemos emitir tantas imágenes de partidos, pero también por la voluntad de TVE de abrirse a todos los deportes. Ponemos mucho el acento en deportes minoritarios y en deportes femeninos.

¿Qué opinas de los periodistas que en mitad de un informativo venden un coche, un seguro de hogar o una crema regeneradora?
En eso no me meto. Cada uno puede hacer lo que crea conveniente.

El periodismo está en crisis, sobre todo el de papel. ¿Sobrevivirá?
Quiero ser optimista, pero hay signos de alarma.

«El periodismo siempre ha estado amenazado y ha tenido muchos enemigos. Las redes sociales y la crispación tampoco ayudan»

Hay combates cuerpo a cuerpo en las redes entre periodistas y políticos y no creo que eso sea nada recomendable. Otra cosa es que se levante la voz cuando hay ataques desde partidos políticos a periodistas, eso es muy grave.

¿Cómo te ves de mayor?
No tengo muy claro ni me planteo que estaré haciendo dentro de un año o de dos. Sí sé que me gustaría volver a hacer reportajes, dedicarme más al reporterismo, eso es lo que más me atrae de la profesión y con lo que más disfruto.

Al margen del trabajo, ¿qué cosas cotidianas te hacen feliz?
Encontrar espacios de cierta normalidad dentro de la presente coyuntura y estar con la familia. Eso es lo importante.

Tras ocho años ininterrumpidos de soporífero plató, el Telediario cambia de look y nos sumerge de lleno en un elegante destructor imperial. Un aplauso en especial para la dirección de arte y los responsables de grafismos © RTVE

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