Poderosa chamana

Fran Straube a.k.a Rubio
Fotografía: Pepo Fernández

[Entrevista publicada originalmente el 9 de abril de 2021]

Y de repente descubres una canción fascinante que te atrapa, te transporta e, inexplicablemente, te hace mejor. Y te pones a investigar y descubres que quien la ha escrito ha hecho otra que logra el mismo efecto. Y otra, y otra, y otra. Entonces sientes la necesidad de ponerte de rodillas y agradecer que esa corriente de energía se haya cruzado en tu vida. Sin dificultades y sin intermediarios localizas a la mujer tras el fenómeno y fijas esta entrevista. Y hablas, y ríes y te enamoras aún más de la persona tras el personaje, que son la misma.

Localizamos a Fran Straube (Santiago de Chile, 1987) en el Cajón del Maipo, en las estribaciones de los Andes, a una hora de la capital. Allí, en las montañas, tiene una cabaña en la que ha decido permanecer durante la presente cuarenta que mantiene paralizada el área metropolitana de Santiago.

De raíces alemanas e italianas, Straube ha empezado a comprender que su papel como canal transmisor de belleza es una misión elevada, su misión. Su música no sabe de fronteras y viaja entre sonoridades nórdicas, anglosajonas y latinas con una clara vocación chamánica. La tierra habla con Straube y Straube nos lo cuenta. Electrónica elevada a una nueva dimensión. Si no sientes con Rubio —el proyecto musical de esta mujer poderosa— lo más probable es que tu corazón haya dejado ya de latir.

¿Cómo aflora la música que viajaba dentro de Fran Straube?
Aprendí a tocar la batería con 11 años. Fui con mis padres a una fiesta de Año Nuevo en la que había una banda tocando en vivo. Al día siguiente me levanté y allí seguía la batería, esperándome. Empecé a tocarla y apareció el dueño, que se quedó escuchando; más tarde les dijo a mis padres que tenía ritmo, que sabía tocar. Yo estaba alucinada con aquel instrumento y les pedí que me apuntasen a clases. Estaba supermotivada, pero mis padres se resistían a comprarme una batería. Me dijeron: «Bueno, prueba a ver qué tal se te da el piano y ya hablaremos de la batería».

«Estudié música cuatro años y jamás perdí la motivación. Era una buena alumna, muy aplicada. Al final, después de esos cuatro años, me compraron la batería y continué sumergiéndome en ella aún más»

Tenía un vecino, estadounidense, un poco mayor que yo, que tocaba muy bien la guitarra y empezó a enseñarme. Montamos la típica banda con sonido garaje y actuábamos para los amigos. Gracias a él descubrí a Nirvana y aluciné aún más. Ya solo quería ser el batería de Nirvana. (Risas).

Fran Straube en conexión. Si eres odioso y necesitas comparaciones, Massive Attack y Rubio tienen mucho más en común de lo que a priori cabría esperar © Rubio Music

¿Cómo ves la música antes de materializarla, cómo ronda por tu cabeza? ¿Son imágenes, emociones, atmósferas?
La veo muy cinematográficamente, son emociones y sensaciones muy puras.

«Imagino escenas que voy cosiendo: la chica va en el tren, se cae, pero empieza a flotar… en el universo»

Esas imágenes son las que luego transformo en música. Las melodías nacen vocalmente en una especie de idioma inventado, que no sé de dónde me viene y suena a una mezcla entre africano, hindú e inglés. Luego traduzco todo eso y pongo la letra.

Absorves energías del universo para, a través de tu filtro, crear algo nuevo y hermoso. Eres un poco chamana, ¿no?
La verdad es que sí. (Risas). Poco a poco me he convertido en una especie de canal. En el tercer disco, el que estoy componiendo ahora, estoy probando una nueva forma de hacer: invento la música en mi cabeza y compongo la letra del tiro, de inmediato. Nunca lo había hecho así y estoy descubriendo cosas superinteresantes.

Uno de los mejores conciertos de su vida tuvo lugar en Barcelona, en el Primavera Sound de 2019. «Empezamos con poca gente pero se fue llenando y llenando. Fue uno de los momentos más increíbles de Rubio» © Pepo Fernández / @pepostudio

Eres todo un referente del underground chileno tras tu paso por bandas como Fármacos, From Mesopotamia o Miss Garrison. A tus 34 años, ¿te gusta ser un referente o te incomoda?
Es lindo que digan eso, pero la verdad es que me cuesta bastante encajar en nichos. En cierto sentido, musicalmente me encuentro un poco sola, no soy fácil de clasificar.

«Puede que sea un referente para algunas escenas jóvenes de hoy, lo cual es muy loco porque aún me considero joven, aunque, claro, las nuevas generaciones van llegando» (Risas)

Es bonito, pero no buscado. Intento ser honesta y seguir mi camino con coherencia.

¿En qué ambiente te criaste, había creatividad en tu casa?
Un poquito. Somos una familia humanista. Mi papá dibuja muy bien, mi mamá siempre se ha dedicado a la artesanía, a mi abuelo le gustaba cantar ópera, pero digamos que la primera que vive del arte soy yo.

¿De dónde procede el apellido Straube?
El Straube viene de Alemania y el Fortunato materno, de Italia.

Guía rápida para iniciarse en Rubio: ‘Seres invisibles’, ‘Fuego’, ‘Coral’, ‘Las plantas’ e ‘Ir’ © Rubio Music

Estudiaste música y sonido en la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación de Chile y al acabar, en 2010, te instalas en Barcelona para estudiar producción de música electrónica. ¿Háblanos de esa época?
Matías (López), guitarrista y cofundador de Miss Garrison, se fue a vivir a Barcelona. Yo estaba acabando la universidad y hablando con Tomás (Pablo Rivera), el bajista del grupo, decidimos irnos un tiempo para intentar tocar allí. Me matriculé en el SAE Institute para estudiar producción de electrónica, pero lo que de verdad queríamos era estar juntos y tocar con público. Puerta a puerta, conseguimos plaza en muchos garitos de Barcelona, también en Madrid y hasta en Zúrich, y grabamos un disco.

«No nos conocía nadie, pero llenábamos los bares porque éramos una buena banda. Fue muy bonito. Era la primera vez que vivía sola y me sentí feliz»

Duró un año y medio. Tuve que volver porque se me acabó la visa y Rajoy no lo ponía fácil.

¿Cómo y porqué nace Rubio?
Al volver a Chile seguimos un tiempo con Miss Garrison, pero los chicos de la banda empezaron a trabajar en historias diferentes y yo me pasaba los días esperando a que ellos tuvieran tiempo para juntarnos, que normalmente era a partir de las nueve de la noche. La única que se dedicaba a la música al cien por cien era yo. Así que decidí crear mi propio proyecto en solitario. Así surgió Rubio, en 2016.

Esplendor en la hierba © Rubio Music

¿Qué es Rubio?
Rubio nace como un lienzo en blanco.

«Me imaginé a mí misma como un ser albino que llegaba a la Tierra y empezaba a empaparse de colores, de emociones, de sonidos»

Fue como volver a nacer, como partir de cero.

Rubio es tu proyecto, pero también funciona como una especie de colectivo en el que el talento ajeno es bien recibido.
Es mi proyecto, yo doy la cara, yo tomo las decisiones, pero es colaborativo. Me gusta rodearme de gente creativa a la hora de hacer los vídeos, las instalaciones lumínicas de los directos, las fotos…

«Rubio atrae a un tipo muy concreto de gente que se acerca y se ofrece para colaborar. Dinero no hay mucho, pero amor por el arte nos sobra»

«Me siento respetada en mi mundo y en mi profesión», Fran Straube © Rubio Music

¿Cómo mujer, cuáles son tus batallas?
Me considero feminista, pero no sé si me identifico con la parte que pelea con más rabia. Personalmente, siempre me he mostrado tal y como soy y nunca he sentido una especial dificultad por ser mujer. Me siento respetada en mi mundo y en mi profesión. Para mí el feminismo es sentido común; a estas alturas no deberíamos estar luchando por la igualdad ni peleando por derechos tan básicos.

«Yo prefiero pelear desde el amor, no desde la rabia»

No conecto con la parte del feminismo que odia a los hombres, usan la misma energía negativa que el machismo. El otro día toqué en la calle, acá en la marcha del 8-M de Santiago —que fue hermoso porque hacía muchísimo que no tenía público—, pero algunas chicas empezaron decir que se bajara el técnico de sonido que me acompañaba, que no se le viera. No entendí nada, la verdad. Más espiritualidad, eso es lo que hace falta.

Portadas. Talento © Rubio Music

¿Qué quieres construir?
Tengo mi flecha, sí, pero la vida la va cambiando; como ahora por la pandemia. Lo que no quiero es perder de vista lo esencial, los valores básicos del ser humano de los que nos olvidamos al formar parte de la rueda del sistema.

«Siento que, de algún modo, tengo un mensaje dentro de mí que debo compartir a través de mi música. Hay algo aquí dentro que me dice sigue, sigue, sigue»

Expresar todo eso me alivia un montón. No sé explicarlo de otra manera.

¿Qué te da miedo?
Perderme en la soledad de no tener amor. Somos seres individuales, pero necesitamos amar y ser amados, todos, los animalitos, las plantas. Me da miedo perderme en una dimensión enferma, en un abismo.

«Quiero llegar a ser una viejecita querida por la gente y conectada con la naturaleza, con las fuentes de la vida»

Straube Fortunato, con luz propia © Pepo Fernández / @pepostudio

¿Qué te hace inmensamente feliz?
Estar rodeada de animales. Hacer música. Que la creatividad funcione. El amorcito.

¿Cuál es tu superpoder?
No sé qué decir. Te lo cuento la próxima vez. (Risas).

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