Radio Killed The Streaming Star

Tomás Fernando Flores

[Entrevista publicada originalmente el 13 de noviembre de 2020]

Es el director más longevo de Radio 3. Ocho años ya al frente de la emisora más auténtica de este país, esa misma que hace pensar a los jóvenes —y no tan jóvenes— con criterio, provocación y avalanchas de buen gusto. Le fascina la palabra futuro porque esconde millones de posibilidades y huye de la vanidad como alma que lleva el diablo; de hecho, no se ve en el papel de entrevistado porque «los periodistas no somos noticia». Su voz —fantástica— es historia de la radio contemporánea y transmite la elegante calidad del ser humano que habita bajo su piel. Su instinto de animal herciano le ha llevado a detectar y apostar por nuevas tendencias mucho antes que nadie. Alto honor contar en influyo_ con Tomás Fernando Flores (Puertollano, Ciudad Real, 1961), una de las personas que más y mejores músicas nos ha regalado. Por cierto, él es el director, pero sigue dándole al micrófono y no usa el despacho. «Mi sitio está en la redacción». ¡Albricias!

¿La gente te llama Tomás Fernando o Tomás?
Soy Tomás. El nombre compuesto solo lo utilizo en la radio por una circunstancia bastante anecdótica. Empecé a trabajar en Radio Popular de Puertollano y allí ya había un locutor que se llamaba Tomás Flores, así que el director me pidió que utilizase el Tomás Fernando.

Empezaste en la radio con 16 años. ¿Cómo era ese chaval que vivía por y para la música?
Imagino que como todo el mundo. Era un chaval con muchas inquietudes y pasiones, a veces contradictorias. Me gustaba mucho pintar y llegué a participar en varios concursos y exposiciones, una de ellas en Madrid. Me encantaba la música y sobre todo la radio. Antes de entrar en Radio Popular construí —con un amigo— mi propia emisora con la que emitía para el barrio. Me dedicaba a llamar a los amigos para ver si la señal llegaba hasta sus casas. Buscábamos los oyentes uno a uno. Nuestra audiencia era limitada pero intensa. (Risas). No teníamos mucho alcance, pero llegar llegábamos. Empecé en Radio Popular porque era la única emisora de Puertollano.

«Me presenté allí y convencí al director para que me dejase hacer un programa. La mayoría de los que amamos la radio empezamos así»

Mi primer programa duraba quince minutos —lo tengo perfectamente grabado en la memoria— y se emitía de diez menos cuarto a diez de la noche, justo antes de los deportes. Matraca y fuga se llamaba.

¿Cómo te alimentabas musicalmente en esa época?
Leyendo prensa. Antes de empezar en la radio ya colaboraba con algunas revistas, como Popular 1 y Rockdelux, que antes se llamaba Rock Especial. Escribía artículos y reseñas y así daba rienda suelta a mi pasión por la música. Todo eso me fue dejando un sedimento importante que vino muy bien para mis primeros programas.

El periodista Tomás Fernando Flores es, sin duda, una de las voces más autorizadas de la radio inteligente de este país. También ha hecho televisión, con programas como Planeta Rock, Fuera de Serie o Atención Obras.

¿Dónde comprabas tus discos?
La palabra mágica era Discoplay, el mítico catálogo de venta que llegaba a casa. Era nuestra principal fuente de información —sobre todo para la gente de provincias— y el lugar a través del cual comprábamos la música. Para mí Discoplay tiene un componente emocional importante porque años más tarde acabé colaborando con ellos cuando me pidieron que coordinase un anuario. Pasé de disfrutar del boletín a escribir en él. 

Los nervios, tan de la radio. ¿Cómo son los tuyos?
Yo siempre estoy nervioso, al menos hasta que se enciende la luz roja.

«Lleve los años que lleve en la radio, para mí los previos a un programa son momentos de tensión y adrenalina»

También es verdad que cuando se enciende la luz yo me relajo y me dedico a hacer mi trabajo sin problemas, mientras que hay compañeros a los que les pasa lo contrario, que se ponen nerviosos cuando están en el aire.

Licenciado en Ciencias de la Información por la Complutense y titulado en el Instituto de Radio Televisión Española. ¿Te costó convencer a tus padres para que te dejasen estudiar en Madrid?
La verdad es que no me costó nada y les agradeceré eternamente el esfuerzo que tuvieron que hacer para que yo pudiese estudiar aquí. 

¿Cómo era Madrid en 1979, cuando aterrizaste?
Apasionante. Llegué en plena convulsión cultural de la Transición y conté con el inmenso privilegio —ya que colabora en las revistas que hemos comentado— de tener acceso directo a todo lo que estaba pasando.

«En los ochenta viví todo lo que ocurría en el mundo de la música en primera persona. Fue muy muy emocionante»

¿Qué te llevó hasta Radio Nacional de España?
Cuando acabé la carrera hice lo que hacemos todos. Me puse a enviar currículos y propuestas de programas a todo el mundo. En mi caso, fue Victorino del Pozo, por entonces jefe de programas de Radio 3 —al que le estaré eternamente agradecido—, quien se fijó en mi currículo, que iba acompañado de fotocopias con algunos de mis artículos y un casete con un programa especial que había hecho en Puertollano sobre la discriminación del pueblo gitano. Uno envía esas cosas con toda la ilusión del mundo y pocas esperanzas, pero me llamaron. Lo que me planteó cierto dilema porque yo ya había pasado de hacer prácticas en Radio Popular de Puertollano a tener mi primer contrato allí. Al final aposté por la radio de largo alcance. (Risas).

¿Cómo era RNE cuando llegaste?
Como hoy: una gran empresa de comunicación con una fantástica y rigurosa oferta de contenidos. Era alucinante ir encontrándote a todos esos profesionales estupendos por los pasillos; profesionales de los que tanto he aprendido, de lo bueno y de lo malo también. (Risas).

Bajo la dirección de Tomás Fernando Flores, Radio 3 vive en una constante búsqueda de novedades y avances en infinidad de terrenos como tecnología, ciencia, cómics, literatura, videojuegos, cine, medioambiente… empezando por la música, claro está.

¿Cuántos segundos necesitas para decidir si una canción es buena o mala?
Hay quien dice que ocho segundos son suficientes, aunque yo creo que hace falta alguno más. (Risas). Cuando una canción es buena emociona desde el principio, pero también es cierto que hay otras que necesitan más tiempo para ser valoradas.

¿Cómo ha sido tu trayectoria a través de los géneros musicales? ¿Cómo han evolucionado tus gustos musicales?
Por mi forma de ser y mi enfoque profesional siempre he estado pendiente de la innovación, de lo más nuevo. En determinado momento realicé una apuesta personal muy fuerte por las culturas urbanas, como el rap o el hip hop, cuando en este país ni existían y apenas nadie las conocía. Llegué a tener un programa, Alta Impedancia, con el que fui pionero a contracorriente.

«Mis compañeros no veían con buenos ojos ni el hip hop ni el rap. Me decían que era una música comercial y pasajera que se olvidaría y que no perdiese el tiempo, pero el tiempo me dio la razón. (Risas). El rap es la expresión de toda una generación»

Y luego te volviste bastante electrónico.
Cuando nació Siglo 21 (su actual programa en Radio 3) lo hizo con la voluntad de ser el escaparate de la electrónica, un género llamado a revolucionar y democratizar la forma misma de crear música gracias a la tecnología. 

«‘Siglo 21’ fue otra apuesta muy grande con la que, en este caso, he podido surfear con la ola a favor»

Los periodistas musicales, decididamente, contribuís a construir artistas. ¿Cuáles serían esos hijos musicales a los que has ayudado mucho a existir?
Ninguno, ninguno. No soy nada vanidoso. No considero que haya grupos que sean cosa mía, ni en parte ni en nada.

«Los grupos se deben a su talento y me siento muy honrado de que muchos se hayan cruzado en mi camino. Hay artistas que me agradecen el apoyo en sus inicios: los del rap, Najwa, Rosalía, Tangana… Pero el éxito es total y absolutamente de ellos»

¿Te dolió el cierre de Rockdelux?
Mucho. Es gravísimo que revistas como Rockdelux y otras tantas históricas hayan cerrado o estén a punto de hacerlo. Es dramático.

¿Se puede vivir de la música hoy día?
Asistimos a la perversa paradoja de que consumimos más música que nunca en toda la historia, pero a los creadores les resulta más difícil que nunca sobrevivir. Sin el talento de los creadores no habría música. Estamos en un momento crítico.

«Lo que pagan los canales de streaming es una miseria absolutamente insultante. La gran revolución pendiente es poner en valor la cultura»

¿Alguna nostalgia por el vinilo o el cedé?
La verdad es que sigo consumiendo música en cedé y me encantan los vinilos por puro fetichismo, pero también utilizo música en soportes digitales para el programa y, por supuesto, soy usuario de plataformas de streaming.

Con 15 años, construyó una emisora de radio con la que emitía para sus amigos. Hoy, cerca de los 60, Tomás Fernando Flores es uno de los profesionales que más y mejor han hecho evolucionar el medio en este país. Entre sus numerosos premios cuenta con el Ondas a su trayectoria. Grande.

¿Podrías explicar la magia de la radio?
La magia de la radio es la comunicación. La comunicación es nuestra arma definitiva frente a las plataformas de streaming. Nosotros a una gran canción le añadimos un comentario, un sentimiento, una emoción, una digresión intelectual.

«La radio aporta»

Has sido —eres— arte y parte de programas musicales mitiquísimos. ¿Que te viene a la cabeza cuando oyes ‘Zona Reservada’?
Fue mi primer programa, con él comenzó mi andadura en Radio 3. Practicábamos una mezcla de sociología y cultura pop, que así dicho suena muy rimbombante, pero era un programa muy divertido.

¿‘Diario Pop’?
Fue una aventura muy potente y trasgresora que acabó mal porque llegó un momento en el que José María Rey y yo nos agotamos. Lo dejamos y decidimos probar cosas nuevas, cada uno por su lado.

¿‘Arrebato’?
Pues también lo hicimos José María Rey y yo. (Risas). Era muy divertido y su esencia era que todo el rato provocábamos al oyente. Hoy no sería tan fácil de hacer.

Y ‘Siglo 21’, el más reciente, que, como quien no quiere la cosa, alcanza los veinticinco años en antena en 2021. ¿Satisfecho?
No soy muy dado a celebrar el tiempo que un programa lleve en antena porque no creo que durar veinticinco años sea —en esencia— una virtud.

«El mérito está en hacer cosas nuevas cada día, en renovarse. En este sentido, creo que hemos sabido resetear ‘Siglo 21’ constante y satisfactoriamente»

No podría ser de otra manera porque la naturaleza del programa es la innovación. Lo que sí me da vértigo es comprobar cuantísimos años llevo delante de un micrófono. (Risas).

Y buen día alguien te dice que te nombran director de Radio 3, treinta años exactos después de haber entrado en la casa. ¿No son demasiados años de espera?
(Risas). Nunca aspiré a un cargo de gestión, nunca ha sido mi vocación. Mi única vocación era hacer programas de radio que, como se ve, sigo haciendo. Me ofrecieron dirigir Radio 3 en un momento de profunda transformación y con ese reto por delante acepté la responsabilidad.

«Al final resulta que soy el director que más tiempo lleva en el cargo, más de ocho años, cuando la media de mis predecesores era de un año o año y medio, como mucho»

El despacho está prácticamente vacío —solo tengo un póster de Bjork que siempre me acompaña— porque prefiero estar en la redacción como siempre.

¿Te costó mucho hacerte con las riendas de la emisora?
Trabajar en Radio 3 es un gran privilegio porque no existe otra emisora como la nuestra en el que se hable de todos los estilos musicales junto a tecnología, ciencia, literatura, videojuegos, cine, cómics y un largo etcétera. Puede sonar muy pomposo, pero es verdad.

«Radio 3 tiene un equipo de profesionales increíble y todos nos sentimos muy afortunados de poder formar parte de ella, de innovar y apostar por lenguajes y formatos nuevos. Somos transgresores, por eso conectamos con los jóvenes»

Radio 3 Extra es, sin duda, tu apuesta más personal como director. ¿Cómo nace esta idea que tanta nueva vida le aporta a la radio y hasta dónde queréis llegar con ella?
Nació como respuesta a los cambios en los hábitos de consumo cultural. También para fortalecer el ADN innovador de Radio 3 en la búsqueda de nuevos formatos y lenguajes.

«Radio 3 Extra es una plataforma de contenidos audiovisuales exclusivos para Internet que surge de la necesidad de rejuvenecer la audiencia y ampliar nuestro compromiso con la cultura y la creatividad»

¿Qué tal llevas recibir premios como la Antena de Oro (2013) o el Ondas a la trayectoria (2018)?
Todos nos llevamos bien con los premios, (risas), decir lo contrario sería muy falso. Estos que mencionas y otros, sobre todo cuando te los dan tus propios compañeros, son muy gratificantes.

¿Cuál fue tu metedura de pata más antológica?
Tengo muchísimas. (Risas). Yo siempre he sabido que intelectualmente no estoy en posesión de ninguna verdad absoluta. Siempre admito las críticas con la voluntad de mejorar. Tengo un momento glorioso. Inolvidable. Haciendo un programa en directo falló un reproductor de cedés, luego falló otro, luego falló el ordenador… falló todo, y en esos casos lo normal y lo profesional habría sido ponerse a hablar, yo que sé, del tiempo o de lo que fuese, pero no, yo me dediqué a describir todo lo que iba fallando. (Risas). Aquel momento tan grave se convirtió en un sketch que reprodujeron en otras emisoras de radio y se oyó en toda España. (Risas). Al final mi voz sonó en todas las grandes emisoras comerciales y radiofórmulas del país. Fue antológico. No me quedó otra que aceptar las risas deportivamente.

Tomás Fernando Flores, un hombre con visión de futuro.

Los 60 se acercan peligrosamente. ¿Te da miedo envejecer?
Me preocupa y me da igual a la vez. El paso del tiempo es incontenible. Procuro cuidarme.

¿Qué es lo mejor de tener 60?
Pues no lo sé porque todavía me quedan tres meses para cumplirlos. (Risas). Supongo que lo mejor es la perspectiva desde la que ahora puedo valorar las cosas.

¿Te preocupa el futuro?
A mí, por definición, el futuro siempre me parecerá algo apasionante. El pasado ya está, ya pasó.

«El futuro es lo mejor que tenemos porque está lleno de expectativas y nuevas emociones»

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