Mexican chic

Cecilia Suárez

[Entrevista publicada originalmente el 16 de octubre de 2020]

Tiene algo, más allá de su trabajo en el cine y el teatro, que la hace irresistiblemente adorable. Quizá sea su elegancia innata, su educación exquisita o su refinado sentido del humor. En cualquier caso, nuestra mexicana favorita está de estreno ya que, por fin, llega ‘Alguien tiene que morir’ (Netflix), su primer drama junto a su buen amigo el cineasta Manolo Caro (‘La Casa de las Flores’). Adora el básquet —con los Chicago Bulls “a muerte”—, el flamenco —“me vuelve loca”— y España, donde reside largas temporadas de un tiempo a esta parte. Cecilia Suárez de Garay (Tampico, Tamaulipas, México, 1971) reivindica su sangre asturiana, reniega de la cirugía estética y nos invita a fluir. Puro mexican chic.

Teniendo en cuenta que son las nueve de la mañana y que ya llevas algunas entrevistas encima cabe preguntar si eres de esas personas a las que les gusta madrugar.
No, la verdad es que no. No soy una madrugadora nata, pero soy madre y cuando eres madre pierdes el privilegio de elegir a qué hora te quieres levantar. (Risas). Así que cuando toca… toca.

Hablemos de Tampico, tu ciudad. ¿Cómo fue tu infancia a orillas del Golfo de México?
Si te soy franca, tuve una infancia muy ideal. Tampico es un lugar excepcional y en aquellos años, cuando yo era niña, México era un país bien distinto en el que podías crecer con toda seguridad.

«Éramos niños muy libres que nos pasábamos el día jugando en la calle en un entorno de comunidad. Tampico era realmente el paraíso»

¿Cuál es la principal seña de identidad de los tampiqueños?
Que no nos andamos con rodeos. Somos puro norte y lo que se dice se cumple.

Cecilia Suárez, de 48 años, en un receso de la grabación de La Casa de las Flores en Madrid © Netflix

¿Cómo despertó la actriz que había en ti?
Pues la verdad es que todavía me lo sigo preguntado. (Risas). Supongo que influyó mucho que mi hermana mayor estudiara cine. Me fijaba en todo lo que ella hacía y en el mundo que estaba descubriendo; todo eso me llamaba mucho la atención. En Tampico, hasta que me fui a estudiar fuera, nunca hubo un teatro estable ni mucho menos una escuela.

¿Y en casa qué te dijeron?
Me apoyaron totalmente. Les dije a mis padres que quería estudiar interpretación, pero si les hubiese dicho cualquier otra carrera me habrían animado de igual modo. Nuestros padres siempre nos han dicho que en la vida hay que pelear para intentar ser felices, pero sí es cierto que en la facultad de teatro me encontré con compañeros que no tenían el respaldo de sus casas y les decían que dedicarse a la interpretación era perder el tiempo. La mayoría de estas personas fueron decantándose hacía otras profesiones a medida que el camino avanzaba.

«Cuando te sabes apoyado es más fácil guerrear y resistir»

Tuviste una formación clásica. Estudiaste en la Facultad de Teatro de la Universidad Estatal de Illinois, en Chicago. ¿Cómo era el fuego interior que te impulsaba en esa época?
Fue una etapa increíble, crucial. Desarrollar unas buenas bases es determinante y yo las encontré allí.

«Tuve muchísima suerte porque me tocaron unos profesores excepcionales, con personalidades muy marcadas, y unos compañeros fantásticos. Mi mundo en esa época era de lo más variopinto»

Sabemos que adoras el básquet, ¿influencia made in USA?
¡Totalmente! Amo el básquet. Me tocó vivir el Chicago del momento más alto de los Bulls. Eso era una conmoción, la ciudad entera se paralizaba cuando ellos jugaban.

«El básquet fue una inyección cultural de la que aún no me ha pasado el efecto, ni quiero que se me pase. Es un deporte increíble»

De sufrida madre bajo el yugo de un marido fascista —en Alguien tiene que morir— a fan incondicional de los Chicago Bulls y el flamenco puro: poliédrica Cecilia © Netflix

¿Cómo se cruzó el cine en tu vida?
De forma natural. Haciendo teatro me surgió una película —Sexo, pudor y lágrimas (1999), de Antonio Serrano— que resultó todo un éxito de taquilla en México. Podríamos decir que mi entrada en el cine fue de lo más contundente por todo lo que significó ese trabajo.

Siempre has procurado construir una carrera internacional, ¿eso supone un doble esfuerzo?
Nunca lo había visto así, pero ahora que lo dices… sí, supone esfuerzos adicionales, empezando por tener que hablar en otro idioma.

Hablemos de la relación entre Manolo Caro [protagonista de influyo_ el 07.10.2020] y su musa: Cecilia Suárez. ¿Por qué os entendéis tan bien?

Yo creo que porque compartimos una serie de puntos clave en los que coincidimos con enorme claridad. El principal sería el respeto que nos profesamos, siempre prioritario. Y otro de los puntos importantísimos es que nos divertimos mucho trabajando juntos.

«Manolo y yo tenemos unos universos bastante parecidos. Lo mejor de todo es que juntos nos atrevemos a hacer muchas locuras»

En ‘Alguien tiene que morir’ (Netflix), Caro te hizo sufrir un poquito con el acento de tu personaje, una mexicana casada con un franquista que, para no desentonar en su nueva realidad, renuncia a su esencia hasta hablar en un perfecto castellano neutro. ¿Te supuso mucho esfuerzo esta neutralización?
Sí, ni te imaginas, pero sobre todo porque fue un anunció que Manolo me aventó dos semanas antes de empezar a filmar. (Risas). Fue un shock absoluto cuando me lo dijo. ¡Le hubiese estrangulado!

«Apenas tuve dos semanas para preparar mi acento español yo sola. Ni coach, ni nada. Me puse bastante nerviosa, la verdad»

Tu personaje de Paulina de la Mora —¡mítico!— en ‘La Casa de las Flores’ —también de Manolo Caro— hablaba de una forma deliciosamente extravagante. ¿Los fans de la serie se ponen muy pesados para que les repitas las frases de Paulina?
No, porque saben que por contrato no puedo hablar como Paulina. Más bien son ellos los que me hablan así. (Risas).

Carmen Maura y Cecilia Suárez: dos mundos en colisión en Alguien tiene que morir © Netflix

El reparto de ‘Alguien tiene que morir’ es estupendo, pero imaginamos que lo mejor para ti fue volver a trabajar con tu adorada Carmen Maura. ¿Verdadero o falso?
Admiro a Carmen Maura desde siempre. Tuve la oportunidad de conocerla hace cuatro años gracias a la película mexicana Cuando los hijos regresan —de Hugo Lara—. Estar con Carmen y actuar junto a ella siempre es un deleite.

La pandemia te pilló en Madrid a punto de estrenar ‘El sonido oculto’, de Adam Rapp, en el Teatro Reina Victoria. ¿Fue muy frustrante no poder levantar el telón?
La verdad es que no nos dimos cuenta de la que se nos venía encima. Como mexicana, yo ya sabía lo que es un confinamiento por culpa del virus H1N1 (también denominado gripe porcina) que en 2009 nos tuvo en casa encerrados quince días.

«Reconozco que pensé que la pandemia iba a ser cosa de dos semanas y no de siete meses como llevamos, por eso no me asusté»

Volveremos al Reina Victoria, no sé cuándo, pero lo haremos. Ante este tipo de situaciones lo mejor que se puede hacer es dejarse fluir.

Tus raíces españolas se hunden en Asturias. No hace mucho tuviste oportunidad conocer la tierra de tus antepasados. ¿Qué tal resultó la experiencia?
Qué belleza y qué tierra tan poderosa la asturiana. Lo que más me impactó de ese viaje fue descubrir que uno se compone de su presente y, sin duda, de su pasado, del legado de los suyos. Para mí, conocer el norte ha sido muy fuerte porque entendí lo que es la raíz, mi raíz.

«Asturias, la tierra de mis ancestros, me ha impactado de manera profunda y contundente»

Estuviste a las puertas de recibir un Emmy a la Mejor actriz por tu papel en la serie mexicana ‘Capadocia’. ¿Qué tal se te da perder?
Se me da… mmm… bien. (Risas). No me gusta perder, pero qué le vas a hacer. Lo que sí tengo que decir es que quien ganó en aquella ocasión —la actriz Julie Walters por el drama A Short Stay in Switzerland— merecía el premio porque la calidad de su trabajo era innegable. No me quedó otra que ser honesta conmigo misma y reconocer que ella merecía el premio más que yo. Y, al final, pues acabas usando frases del tipo “estar nominada ya fue todo un regalo”. (Risas).

Cecilia y sus espectaculares 48 años: ¿quién dijo miedo a los 50? © Netflix

¿Te da miedo envejecer ahora que los 50 se acercan?
Pues… miedo no, porque no hay nada que hacer. (Risas). Hay que fluir con la vida, dar las gracias por todo y sentirse muy agradecido por poder cumplir años. A ver, es verdad que ahora pienso en cosas en las que antes no pensaba: cremas, tratamientos…

«Tengo que decir que me siento muy orgullosa de no tener un solo pinchazo en la cara. Ni uno solo a mis casi 49» (Risas)

Creo que es un mérito dedicándome a lo que me dedico y, por supuesto, respeto a quien lo hace.

Ahora que vives largas temporadas en Madrid, ¿en qué te has vuelto superespañola?
Lo que más me jala cuando estoy aquí, y te juro que no sé por qué me pasa, es el flamenco, me vuelve loca, loca completamente. No sé si junto a la vena asturiana tendré una gitana, pero es que me pierde el flamenco y me conecta con España de forma muy poderosa.

Si pudieras hablar con la Cecilia de 18 años, ¿qué le dirías?
Ay, pues que disfrute mucho más de la vida porque tendemos a preocupamos demasiado por cosas que, para empezar, están fuera de nuestro control. Y le insistiría en que no pierda el tiempo: esto se pasa en un abrir y cerrar de ojos.

«Hay que disfrutar de la vida porque, venga lo que venga, todo se acaba acomodando»

Lo dicho: puro mexican chic © Netflix

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