Ánimo, valiente

Abraham Boba
Fotografía: SARA CONDADO

Recurrimos al título de uno de los grandes himnos de su grupo para resumir un encuentro en el que hemos podido conocer de cerca a David Cobas (Vigo, 1975). Líder de una de las bandas más prometedoras de la escena indie-rock actual, otrora fiel escudero de Nacho Vegas, ahora se atreve con la literatura. Y, para más inri, con la poesía.

Este valiente e infatigable luchador que responde al nombre de Abraham Boba y que nos ha deslumbrado tanto en solitario como al frente de León Benavente —su banda en la actualidad— acaba de lanzar ‘Esto no es una canción’ (Espasa, 2021). Un poemario que surge de un viaje a las raíces de este gallego que se ha ido curtiendo en grandes urbes, pero que donde se siente más cómodo es en la tierra que le vio nacer.

A sus 46 años sigue estando más cerca de Johnny Rotten que de Víctor Manuel. Pronto vas a saber por qué. De hecho, acaba de estar tocando en algunos de los pocos festivales que se han podido llevar a cabo este verano en nuestro país y justo ahora está preparando lo que será el nuevo trabajo de León Benavente. Sí, nos sobran los motivos para hablar con él.

Por Jesús Rojas

No contento con la excelente acogida que estás teniendo con cada nuevo lanzamiento de León Benavente ahora te atreves con tu primer libro. Por el título, queda claro que no se trata de una canción. ¿Qué es, entonces?
Es una recopilación de los poemas que he ido escribiendo durante un tiempo. En ese momento ya era muy consciente de que estaba usando un lenguaje poético y que no estaba haciendo letras de canciones, pero nunca me había imaginado que podían acabar reunidas en este poemario que acaba de ver la luz.

¿Eres uno de esos artistas que aprovechó al máximo el confinamiento para crear nuevo material o esto es algo que venía de antes?
No, todo estaba escrito desde antes. En realidad es una idea a la que venía dándole vueltas desde hace tiempo, pero al final no pude ponerme con ello hasta finales de 2019, que fue cuando publicamos ‘Vamos a volvernos locos’ (Warner, 2019). También coincidió con mi vuelta a Galicia después de casi 30 años fuera, me vine al mismo pueblo en el que he pasado prácticamente todos los veranos de mi vida y aquí es donde se ha gestado todo.

«Me apetecía volver a conectarme con mis raíces, eso fue lo que me impulsó a escribir este libro»

O compone para León Benavente o escribe poesía. Lo que está claro es que a David Cobas (a.k.a. Abraham Boba) no le gusta hacer dos cosas a la vez © Sara Condado

El impulso debió ser enorme porque lo de escribir es algo que muchos se plantean a lo largo de la vida pero muy pocos terminan llevando a cabo.
También tuvo mucho que ver el hecho de que conociese a Belén Bermejo, editora de Espasa, que falleció el año pasado. Era alguien muy vital, siempre me estaba animando a escribir algo que no fuesen canciones y le terminé haciendo caso.

«Belén Bermejo fue una de las primeras personas a las que le envié el manuscrito. Rápidamente me llamó y me dijo que le gustaría mucho publicar el que —imagino— sería su último proyecto con la editorial»

¿El título es una especie de guiño a la canción de Víctor Manuel o no tiene nada que ver?
No sabía que existiese una canción de Víctor Manuel que se titula así, no tenía ni idea. De hecho, a mí a lo que me recuerda es al ‘This is not a love song’ de Public Image Ltd. Me hace mucha gracia cuando pasan estas cosas. (Risas). Pero en realidad lo elegí porque es el primer verso del primer poema que escribí para este libro. Me pareció muy acertado para dejar claro que no es una recopilación de canciones, que es algo hacen a menudo otros músicos.

La sinergia entre esos dos mundos es más que evidente, muchas veces son los poemas los que inspiran canciones y otras veces se realiza el camino inverso.
A mí no me gusta demasiado trabajar de esa manera. Cuando escribo necesito saber cuál va a ser el fin de lo que estoy escribiendo. Si son canciones, lo más probable es que me encuentre sentado al piano con un bolígrafo y un cuaderno. Rara vez voy a crear una melodía y un contexto armónico para una letra que ya esté escrita, no es un proceso creativo con el que me sienta identificado.

«Sé que suele decirse que el lenguaje poético y el de las canciones son muy cercanos, pero para mí son totalmente distintos»

Cuando se habla del primer libro es inevitable que uno empiece a pensar que vendrán más. ¿Qué acogida está teniendo ‘Esto no es una canción’?
Estoy muy contento y recibiendo comentarios muy positivos, pero no tengo ni idea de si habrá más o de si tendrá éxito o no. Para mí, el éxito es un concepto muy relativo.

«En los últimos meses he estado trabajando en nuevas canciones para León Benavente y no se me da nada bien hacer más de una cosa a la vez» (Risas)

Ya veremos qué ocurre más adelante.

En esta huida hacia adelante —que es como defines tu obra— está muy presente el mar. De hecho, llegas a decir que fue tu primer contacto con la belleza.
Creo que si naces en un lugar como Galicia —en mi caso en las Rías Baixas— tienes un contacto desde niño con esas sensaciones que produce el mar y todo lo poético que lo rodea. Esa sensación de inmensidad y de apertura, algo que yo aprecio especialmente después de haber estado tantos años viviendo en grandes ciudades. En el libro el mar viene a representar esa vuelta a los orígenes que te comentaba al principio.

Volviendo a León Benavente. Han tenido que pasar 15 años para que una multinacional decidiese apostar por un proyecto de Abraham Boba. Al final va a ser verdad que todo esfuerzo tiene su recompensa.
Creo que esto es algo en lo que coincido con el resto de integrantes del grupo.

«Para nosotros el éxito no tiene nada que ver con la fama, el éxito es que podamos dedicarnos a tiempo completo a hacer lo que más nos gusta»

Es algo que muchas veces se olvida por el camino y que hay que tener muy presente porque muy poca gente lo consigue.

«Nos sentimos privilegiados de poder levantarnos cada mañana para hacer lo que da sentido a nuestras vidas»

El poemario ‘Esto no es una canción’ es consecuencia directa de la necesidad de su autor de reconectar con sus raíces, con su Galicia y su mar © Sara Condado

Han sido muchos años en la carretera junto a Nacho Vegas. Ahora que vuestros caminos se han separado, ¿seguís manteniendo el contacto? ¿te ves haciendo algo juntos en un futuro?
La verdad es que ninguno de los dos tenemos especial apego a los teléfonos, así que va a ser complicado. (Risas). Pero tenemos una relación muy cercana y muy especial, él fue una de esas pocas personas a las que envié el borrador del libro para que me hiciese comentarios. Es de esas personas que puedes estar un año sin ver, pero con la que rápidamente todo vuelve a ser como antes, hay mucho amor.

«Fueron muchos los años que Nacho Vegas y yo compartimos y nunca se sabe si volveremos a hacer algo juntos. Sí creo que está bien que él busque nuevos vestidos para sus canciones»

A menudo te preguntan por el 15-M, ese movimiento que hace unos meses cumplía su décimo aniversario y del que me imagino que seguirán aflorando sentimientos porque lo viviste muy de cerca.
Lo cierto es que no estuve directamente implicado, pero sí que lo viví muy de cerca. Nos pilló en medio de una gira con Nacho Vegas y recuerdo que —independientemente de la ciudad que visitásemos— te dabas cuenta de que algo estaba pasando. Algo necesario.

«Con el tiempo, no sé si el 15-M ha alcanzado todo lo que se podía haber alcanzado. Ya sabemos que el ser humano tiende a ponerse piedras en su propio camino»

Si hubo una ciudad que el 15-M destacó por encima del resto esa fue Madrid.
Pues fíjate, el mismo 15 de mayo yo daba uno de esos conciertos que se hacían en pisos de Madrid; tocaba en una casa en la calle Arenal y recuerdo perfectamente que desde el salón se escuchaba todo el jaleo que había en la Puerta del Sol. Cuando terminó el concierto, a esa casa empezó a llegar gente con pancartas que venía de allí. No estuve en Sol, pero sí muy cerca.

Abraham Boba: maestro de ceremonias para comuniones salvajes © Sara Condado

El directo de León Benavente. ¿Qué tiene de especial para que todo el mundo hable de él?
No lo sé, pero sí te puedo decir que desde la primera vez que tocamos los cuatro juntos en el local yo ya sentí una energía muy especial y me puse muy nervioso. Recuerdo que estuvimos como media hora tocando sin parar y yo estaba como sufriendo una alucinación. Tuve que salir a fumarme un cigarrillo. (Risas).

«La energía que surgió en aquel primer ensayo es la misma que se desprende en nuestros conciertos cuando la gente nos viene a ver. Imagino que eso —unido a la comunión salvaje que creamos con el público— es lo que engancha de los directos de León Benavente»

Y como espectador, ¿qué le pides tú a un concierto?
Hace mucho tiempo que pongo en práctica un sistema para saber si me interesa o no lo que veo encima de un escenario. Para mí es tan básico como descubrir si el grupo o el artista lo tiene o no lo tiene. No hablamos de estilo musical, ni de técnica, ni de puesta en escena. Simplemente, hay gente que sabe transmitir y comunicar cuando está tocando en directo, y esos son los conciertos que me interesan y que acabo recordando.

¿Qué queda de aquellos conciertos salvajes? Desde hace año y medio o no se pueden llevar a cabo o son una versión algo descafeinada de lo que antes de la pandemia nos parecía normal.
Es verdad que son conciertos con unas limitaciones y con un ambiente un poco raro, pero también es cierto que se crea una energía muy especial. Se nota que la gente tenía ganas de volver a sentirse viva.

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Vital, bestia, libre

Por Fruela Zubizarreta

[Entrevista publicada originalmente el 15 de julio de 2020]

Es el líder de una de las escasas bandas con personalidad —demostrable— más queridas de este país, pero no habla en primera persona del singular. León Benavente es lo principal. Antes de la fundación del grupo, hace tres lustros ya, Abraham Boba —léase David Cobas (Vigo, 1975)—  acumulaba una interesante trayectoria como compositor e intérprete. Sin embargo, el destino quiso unirle a Luis Rodríguez, Eduardo Baos y César Verdú para ofrecerle al mundo algo diferente.

El primer día como banda, en el primer ensayo, ellos mismos se sorprendieron al comprobar el tipo de energía que juntos eran capaces de generar. Desde ese instante no han hecho otra cosa que trabajar y mejorar. Porque en sus discos se esconden algunas de las mejores letras de la oferta ibérica y las cantan, las canta, con nadie más sabe hacerlo: dictando multitud de sabias palabras a toda velocidad y de forma deliciosamente directa. Hablamos con Boba mientras ultiman los detalles de su primera gira tras el Apocalípsis.

¿Ser de Vigo imprime carácter?
(Risas). Hombre, al final, la procedencia de uno, de una manera u otra, siempre acaba influyendo en lo que es. Yo pasé mi infancia y mi adolescencia en Vigo y luego me fui a Madrid. Ahora he vuelto a Vigo para vivir. El carácter gallego está muy estereotipado, pero sí es cierto que hay algunos rasgos de nuestra forma de ser que están ahí. 

¿Y musicalmente hablando?
El momento más interesante de Vigo, el de los ochenta, con Golpes Bajos, Siniestro Total… lo viví, pero de lejos porque todavía era pequeño. Mi hermano mayor era el que traía todo ese tipo de música a casa. Lo que sí recuerdo como muy especial fue un concierto de Radio Futura al que fui con 15 años, probablemente mi primer concierto. En Vigo había mucho movimiento, y aunque no participé de él sí lo intuía.

¿Cómo os encontrasteis Luis Rodríguez (guitarra eléctrica), Eduardo Baos (bajista), César Verdú (batería) y Abraham Boba (voz y teclados, o farfisa, si atendemos a la marca italiana que fabrica los órganos electrónicos favoritos de Boba)? ¿Cómo nace León Benavente?
Coincidencias bonitas de la vida. Nos conocimos todos trabajando para Nacho Vegas. Primero conocí a Luis, que se acababa de incorporar a la banda de Nacho; César era el técnico de sonido y Eduardo era el de monitores. Fueron muchos años de conciertos y de viajes, por eso el día en el que decidimos crear la banda nos conocíamos ya perfectamente, sabíamos cómo respirábamos cada uno y qué podíamos aportar. Hasta ese momento nunca habíamos tocado juntos.

«Fue bonito porque los cuatro coincidimos en un mismo momento vital, ya no éramos unos críos y teníamos las cosas bastante claras. Supongo que, de alguna manera, estaba escrito que nos teníamos que encontrar»

Abraham Boba, pura vitalidad © Jorge Fuembuena

¿En qué momento os dais cuenta de que sois capaces de generar una energía especial, diferente, de que juntos podéis ofrecer algo nuevo?
Las primera maquetas, las primeras canciones, las empezamos a hacer Luis y yo porque los dos vivíamos en Madrid. A la hora de formar el grupo, los primeros en los que pensamos fueron César y Edu.

«La primera vez que quedamos los cuatro para probar las primeras canciones vimos que ahí había algo, había una energía muy bestia»

Recuerdo haberme puesto muy nervioso la primera media hora de aquel ensayo. Teníamos un espacio en Matadero porque nos habían dado una residencia artística. Tuve que parar y salir a fumarme un cigarrillo, me puse muy nervioso.

¿Cuál sería el mensaje de León Benavente: no te creas nada, vive la vida, disfruta el momento?
No exactamente. Hay parte de eso, como cuestionarse la realidad en la que vivimos para hacer pensar, al menos es lo que espero. Lo que mejor define este proyecto es la vitalidad, que no siempre tiene porque ser algo positivo y alegre; la vitalidad también puede tener que ver con la rabia o el desencanto. Lo nuestro es una actitud vital, definitivamente.

Y tú, ¿siempre has tenido alma de rock star, de líder?
(Risas). Yo siempre he tenido ganas de hacer música. Canto desde niño y supongo que en el momento en el que apuestas por la música como forma de vida eliges el rol en el que te sientes más a gusto.

«Lo que tienes que hacer cuando asumes el papel de frontman es comunicar y hacer que las canciones estén muy vivas. Es un trabajo de toda la banda y lo hemos conseguido poco a poco, gira a gira»

En los primeros conciertos, prácticamente, me refugiaba detrás de mis teclados y de ahí no salía. Todo fue mutando, me fui creciendo. (Risas). Pero me atrevo a añadir que la etiqueta rock star caducó hace tiempo.

¿Hasta qué punto te transformas encima del escenario?
Es una sensación muy impresionante que no te da ninguna otra experiencia. Es algo que engancha. Nuestros conciertos tienen esa vitalidad que comentaba, vitalidad que acaba traspasando al público. De alguna manera, en nuestros conciertos siempre se acaba creando una comunión. También hemos tenido actuaciones en las que el público estaba como parado. Nos miramos entre nosotros y nos decimos ¿qué está pasando? Tenemos que hacer algo y, al final, de una forma u otra, siempre conseguimos que la gente se venga arriba.

¿La maldita pandemia ha trastocado mucho los planes de promoción Vamos a volvernos locos (Warner), vuestro último disco?
Sí, sin duda. Somos un grupo al que le gusta planificar bastante porque pensamos que es la mejor fórmula para que las cosas salgan bien. Teníamos una gira por salas que, por suerte, hemos podido cumplirla casi al cien por cien, apenas tuvimos que cancelar dos o tres conciertos. Al final dimos unos sesenta conciertos, afortunadamente. Aún así, se han trastocado muchos planes, como todos los festivales de este verano y varias cosas chulas que aún tenemos en mente. Hemos tenido que repensar toda la estrategia. Hoy por hoy, trabajamos aún con un nivel de incertidumbre bastante grande.

Pese a todo, habéis conseguido poner en pie una Gira Extraordinaria Verano 2020. ¿Contentos?
Mucho. Ha sido, está siendo, complicadísimo, pero la tenemos. El 25 de julio arrancamos en el Camp Nou dentro de Cruïlla XXS, un nuevo ciclo de espectáculos limitados a 400 personas en espacios emblemáticos de Barcelona. Estamos muy contentos, la verdad.

Gira Extraordinaria Verano 2020 de León Benavente © Münster Studio

¿Eres un músico bohemio u hormiguita?
(Risas). A ver, nosotros vivimos de tocar en directo, es nuestra principal fuente de ingresos. Hemos tenido la suerte de poder celebrar los sesenta conciertos que comentaba, y eso nos va a permitir aguantar un tiempo. La pandemia ha subrayado aún más los fallos del sistema y lo desprotegido que está el sector musical, tanto en técnicos como en artistas. No es ni siquiera una vida bohemia, es vivir totalmente al día. Dentro de lo que cabe, nos consideramos un grupo afortunado.

¿Qué ilumina a Abraham Boba cuando escribe letras como esta, de la canción ‘Ayer salí’: «Siguiendo con el reino animal / hablé de una mosca verde esmeralda, vigorizante, afrodisíaca y venenosa / mosca española / hizo estragos en la Corona»?
Las canciones no dejan de ser pretextos para hablar de lo que quieres. Me hace gracia que en torno a esta canción haya habido opiniones de personalidad críticas sosteniendo que a quién le iba a interesar una canción que habla sobre la resaca de un cuarentón. Si te quedas solo con eso te estás perdiendo muchas de las cosas de las que habla el tema. El pasaje al que te refieres es el resultado de las muchas cosas que me gusta ir anotando y que pienso que pueden acabar sirviendo para una canción. Lo de la mosca española lo tenía por ahí guardado, era el recorte de un artículo que me resultó muy curioso.

«Poder encajarlo en la canción fue estupendo porque la vida es eso: ir encajando piezas. Sales de noche, te sientes estupendo y de repente te ves hablando de la mosca española y a todos les fascina la historia. ¿Por qué no?»

¿Crear es combatir?
Hay gente que tiene mucha facilidad para escribir canciones, lo mismo te las escribe en la furgoneta que en la habitración del hotel tras un concierto. Personalmente, yo no funciono así; necesito estar muy alejado de todo para poder concentrarme. Digamos que soy muy lento y necesito tiempo. No hay una fórmula única. Nosotros le damos muchas vueltas a nuestra música y siempre intentamos encontrar nuevos caminos para no repetirnos.

Tu forma de cantar, tu dicción, es fascinante. Eres capaz de concentrar muchísima información e ir soltándola a toda velocidad logrando —¡oh, milagro!— que se te entienda perfectamente. ¿Cómo lo haces?
(Risas). Bueno, sí, podría ser como una especie de seña de identidad de León Benavente. Me gustan los fraseos, es verdad. Puede que esté relacionado con mi afición por el hip hop: decir muchas palabras en muy poco tiempo de una forma clara y muy directa. Nosotros no hacemos hip hop, pero sí es verdad que algo tenemos de ese género, como de otros tantos. Al final, todo contribuye a crear la personalidad de nuestro sonido.

César Verdú, Abraham Boba, Luis Rodríguez y Eduardo Baos son León Benavente, un lujo al alcance de tu mano © León Benavente

¿Qué tal se lleva Abraham Boba con David Cobas?
Se llevan muy bien. (Risas). La pregunta podría ser cómo se lleva David Cobas con David Cobas. (Risas). Me llevo bien conmigo mismo, que conste. El pseudónimo no es por querer crear un personaje, soy yo al cien por cien. Empecé a llamarme Abraham Boba hace quince años o más porque mi nombre de toda la vida me sonaba como raro al usarlo como artista. Hoy no lo haría, no me buscaría un pseudónimo. Soy la misma persona ahora durante esta entrevista, en mi casa o sobre un escenario. Todo es el mismo juego.

Lo de Abraham suena muy bíblico, muy como de predicador. ¿Tienes alguna gran verdad que contarle al mundo?
(Risas). Me gusta lo de predicador, siempre que no tenga connotaciones religiosas me parece bien. Me veo más como un comunicador, la verdad. Y otra cosa, Abraham será un nombre bíblico, pero David no se queda atrás. (Risas). Ahí ando, moviéndome entre las páginas finas de la Biblia. (Risas).

Sigamos en plan bíblicos: ¿qué has tenido que sacrificar para llegar hasta aquí?
Los cuatro hemos tenido que sacrificar cosas. Si te quieres dedicar a la música de verdad, si quieres hacer de esto tu forma de vida, tienes que renunciar a mucho y tomar decisiones, a priori, difíciles.

«En veinte años que llevamos dedicándonos a esto, los cuatro, hemos pasado por todo tipo de desafíos. Hay que arriesgar»

Lo bueno es que los cuatro tenemos un gran sentimiento de identidad como grupo.

¿Cuál de las frases hechas, de las muchas que ha habido durante esta pandemia, te ha hartado sobremanera?
A ver, no creo que sea algo que haya que criticar. En momentos así la gente necesita sentirse arropada, parte de algo. Y, bueno, sí, ha habido muchas frases y no con todas me he sentido identificado. Es como con la canción Resistiré, que me parece muy bien, pero a mí no me ha servido; tuve otras muchas canciones que me ayudaron a pasar estas semanas extrañas, canciones que igual no tenían nada que ver con lo que estábamos vivido. Lo que me ha sorprendido de verdad es todo el odio que ha aflorado al calor de las redes sociales. Eso es lo que me da pena, no las frases hechas más o menos afortunadas que hemos oído.

Además de la banda, ¿qué da sentido a tu vida? «Las personas a las que quiero. Eso es lo más importante»

¿Tienes alguna asignatura pendiente?
Tengo muchos proyectos que me gustaría llevar a cabo en los próximos años. Prefiero ver la vida en postivo y no como un cúmulo de oportunidades perdidas.

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