King Kong en una selva rosa

Miriam Ocariz

Por el imaginario de Miriam Ocariz (Bilbao, 1968) deambula una escena recurrente: una profunda selva rosa, roja, blanca y negra en la que se encuentra con King Kong, animal mítico e impresionante tan capaz de defenderse con la mayor de las ferocidades como de mostrar toda la nobleza y la ternura de su alma (porque sí, lo animales tienen alma). Es entonces cuando nuestra protagonista, sobrecogida ante la dualidad delicadeza-bestialidad, decide confeccionarle una camiseta de organza, tan ceremonial como protectora.

Miriam Ocariz es, sin duda, una de las más grandes y brillantes artistas vascas en activo. Durante muchos años, más de 25, su arte se centró en el diseño de moda, universo devorador y —por momentos— cruel en el que ha rubricado una de las páginas más brillantes de la moda española contemporánea. Pero un día Miriam se hartó y decidió recuperar algo importante que, prácticamente, había perdido: su vida. Y como el talento, cuando es de verdad, siempre se abre camino, la Ocariz de Bellas Artes volvió al centro del foco que siempre le ha correspondido.

Nos encontramos con ella durante el montaje de ‘Regalo para King Kong’ —muestra que agrupa los últimos dibujos y objetos fertilizados por su poderosa imaginación—, hasta el 4 de noviembre en la Galería Blanca Soto de Madrid. Hablamos de éxitos y fracasos, de personas y máquinas, de cabezonerías, libertad y, por supuesto, del amor.

Por Fruela Zubizarreta

No fue una de esas niñas que desde pequeñas tienen claro lo que quieren ser de mayores. Solo sabía que la ropa le gustaba muchísimo y que —por alguna razón que aún no llegaba a descifrar— le parecía un medio de expresión lleno de fuerza y posibilidades. Sus tías abuelas, las que vivían en Burgos, eran modistas y cuando Miriam iba a visitarlas alucinaba con su taller y con los miles de telas y cachivaches que lo habitaban. Pero vamos por partes, porque todo comenzó a la salida de una piscina.

Licenciada en Bellas Artes y titulada en Diseño de moda. ¿Qué eres más: artista o diseñadora?
Antes de todo eso era nadadora y mala estudiante. Entrenaba muchísimo todos los días. En el colegio me encantaba dibujar, pero no fui una niña a la que le preocupase el futuro. De las monjas pasé al instituto, un cambio bastante radical, y ahí fue cuando decidí que quería estudiar Bellas Artes y Diseño de moda, toda a la vez. De repente, lo tuve clarísimo y me volví superresponsable. Los dos primeros años en la facultad me resultaron muy complicados, muy duros; descubrirse dentro de ese mundo no es tan fácil como parece. Por contra, en diseño me sentí superbién desde el principio. En Bellas Artes empecé a experimentar con las telas, eso fue lo mejor de todo.

Miriam Ocariz vuelve a Madrid exponiendo en la Galería Blanca Soto hasta el 4 de noviembre de 2021 © influyo_

¿Cuál fue tu primer paso profesional?
En clase de diseño éramos muchísimos, era la época del ‘¿diseñas o trabajas?’. Nos apuntábamos a todo. En primero nos juntamos cinco compañeras y presentamos una colección a un concurso. Al año siguiente te juntabas a otras tres y lo mismo. En tercero, con 21 años, me asocié con una compañera y juntas ganamos un premio en ExpoConsumo, que en ese momento era lo más. Así nació la firma Monge-Ocariz.

«Vendíamos nuestros diseños donde hiciese falta, empezando por las fiestas de los pueblos. Luego montamos una tiendita en Bilbao»

Siempre he hecho muchas cosas y siempre empezando desde cero.

Nace la firma Miriam Ocariz y te conviertes, entre 1998 y 2010, en una imprescindible de pasarelas como Gaudí o Cibeles. Trece años desfilando que se traducen, aproximadamente, en 26 colecciones, con una media de 30 propuestas por colección y un mínimo de tres prendas por propuesta. ¿Cómo se sobrevive a semejante presión creativa?
Yo siempre lo he comparado con los experimentos que hacen con los ratones cuando los ponen en una rueda a correr y no pueden parar. La de veces que he tenido un desfile aquí en Madrid y al día siguiente cogía un avión a París para comprar tejidos para la próxima colección sin tener ni idea de qué quería hacer. Es la rueda del capitalismo y el consumo, algo muy loco.

Gestación y gestión de talento © Miriam Ocariz

¿La creatividad es calendarizable?
No, no. Lo normal sería presentar una colección y descansar después un tiempo para poder evolucionar con serenidad, descansar o hace algo más pequeño. No somos máquinas, somos personas. La gente se empeña en hablar de una inspiración concreta por colección y yo eso nunca lo he entendido.

«Para mí la inspiración es un continuo, ideas que siempre están ahí esperando su momento para poder materializarse, para consolidarse. Unas ideas maduran pronto, otras más tarde, y eso no se debe forzar»

Fuiste la directora creativa de Armand Basi Mujer de 2004 a 2006. ¿Qué tal llevaste lo de trabajar para otros?
Pues fue superinteresante. Yo tenía mi firma, mi casita con mi pequeña familia en la que ya éramos veinte, con un organigrama de trabajo en el que todos nos sentíamos cómodos. En Armand Basi el panorama era otro. Fue muy interesante porque aprendí un montón de cosas, pero también era muy estresante porque las dimensiones eran otras y no había más remedio que implicarse en todos los aspectos del proceso, empezando por el económico. Lo que era una gozada es que había muchos más medios para todo. Dos formas de trabajar muy diferentes.

Miriam Ocariz, la artista bilbaina ha vuelto con fuerza al dibujo tras más de 25 años diseñando moda para mujer ultraespecial © influyo_

Otro de los puntos fascinantes de la firma Miriam Ocariz es que tu ropa llegó a templos del shopping como Colette en París, Barney’s en Nueva York, Harvey Nichols en Hong Kong o Isetan Shinjuku en Tokio. ¿Orgullosa de tus conquistas internacionales?
Fueron sorpresas que no me esperaba para nada y cada una de ellas fue increíble. En todo esto tuvo mucho que ver Hortensia de Hutten, que era una apasionada de la moda y una catazatalentos.

«Hortendia de Hutten descubrió mi trabajo y no dejó de insistirme hasta que formé parte del showroom que organizaba en París para diseñadores emergentes»

Me daba mucho miedo ir porque mis propuestas eran muy manuales, muy artesanales, y podía ocurrir que te hicieran muchos encargos y no dar abasto. Esperé un tiempo hasta sentirme preparada. Fue una locura. Le debo mucho a Hortensia de Hutten.

¿Cuántas veces han copiado tu ropa? ¿Cuántas veces has entrado en una tienda de un gran emporio español con presencia internacional y te has encontrado con copias exactas de tus creaciones?
(Risas). Demasiadas. Me ha llegado a pasar que alguien ha entrado en mi tienda con una prenda exacta comprada en otro lado a 20 euros —por descontado, hecha en China y con peores calidades y acabados— y ha querido, por ejemplo, cambiar la talla. Me han llegado a llamar carera porque en otros sitios estaba a 20 euros. (Risas). Es terrorífico.

De la serie ‘Fábrica de hombres’ © Miriam Ocariz

Y un buen día decides alejarte de todo ese mundo. ¿Qué pasó?
No fue una decisión tomada de un día para otro. Arrastraba mucho cansancio y encima llegó la crisis. Tenía a mucha gente a mi cargo y eso siempre es una responsabilidad de las que quitan el sueño. Así que dije: hasta aquí. Me quité un gran peso de encima, la verdad.

«No fue fácil porque entre que lo decides y cierras pasan varios meses. Lo pasé fatal, pero al fin logré liberarme de la tensión permanente»

Es cuando la artista plástica que convivía bajo el brillo de la diseñadora vuelve a la luz con fuerza.
Durante todos esos años, en paralelo con la moda, monté algunas exposiciones. La gente de Espacio Marzana —mi galería en Bilbao— me propusieron que preparase algo nuevo y así nació ‘Fábrica de hombres’ (2016), mi propia planta de creación de hombres en cadena —muchos de ellos dibujados sobre papeles de fumar— consecuencia, creo yo, de años y años diseñando para mujeres. (Risas). Como ya no tenía taller, todo se gestó en una mesita y con un ordenador. Después vino otra muestra en la Sala Rekalde (Bilbao, 2018) más centrada en mis dibujos y diseños aplicados a otros soportes, como estampados en papeles de pared, ropa de hogar, complementos, joyas recicladas, esculturas, etcétera.

‘Regalo para King Kong’, de Miriam Ocariz, hasta el 4 de noviembre de 2021 en la Galería Blanca Soto de Madrid (C/ Almadén 16) © Miriam Ocariz

«Lo que ahora puede verse en la Galería Blanca Soto de Madrid —tras el aplazamiento de un año y medio por la pandemia— es una especie de síntesis de mis dos muestras anteriores. Esta exposición se llama ‘Regalo para King Kong’ por la camiseta gigante de organza que protagoniza el espacio, un guiño al ser que es —a la vez— fuerza bruta y ternura»

Ahora que has retomado el dibujo como esencia de tu trabajo te has puesto a experimentar llevando tu imaginario a pañuelos maravillosos, camisetas, sudaderas, tops, camisas, tote bags, mantelerías… Todo a tu ritmo y a tu modo. ¿Qué más tienes en mente?
Pues lo que más enamora ahora mismo es la colección de tattoos que he creado junto a Sara Ortuzar, una tatuadora superdelicada y maravillosa especializada también en tatuaje oncológico. La colección se llama ‘Furia rosa’. La gente viene a mi taller a elegir los dibujos y ella los hace realidad en el suyo.

¿Eres libre?
Sí, todo lo libre que se puede ser. Yo siempre he querido hacer las cosas por mí misma para conocer su verdadero valor.

«Soy libre porque me dedico a lo que me gusta y vivo de ello, aunque por momentos resulte complicado. Pero no me quejo, me considero una persona muy afortunada»

Además, tengo una madre maravillosa que siempre me ha apoyado en todo, y no me refiero a lo económico.

Hombres en papeles de fumar © Miriam Ocariz

¿Qué es lo mejor de tener 52 años?
Que los has vivido. Yo jamás volvería para atrás. La vida te hace estar arriba y abajo. Una vez vi un grabado que me impresionó; se veían dos montañas muy juntas y en la grieta entre ambas, en el abismo, había una piedra chiquitina encajada. Todo muy oscuro. Lo vi y dije: soy yo, esa piedra soy yo.

«Te tienes que caer, no hay otra si quieres volver a vivir. La hostia te la das, no queda otra, pero lo que no puedes es pasarte la vida sufriendo, rasgándote las vestiduras y desangrándote»

¿Cuál es tu superpoder?
La cabezonería. Si me lo propongo lo consigo, aunque tenga que dejarme la vida en ello.

© influyo_ loves Miriam Ocariz

Al margen del arte, ¿qué da sentido a la vida de Miriam Ocariz?
El amor, que lo es todo, y engloba a los amigos y a la familia. Respetar. Entender. Poder volar. Encontrase a través de los demás.

¿Qué es la felicidad? «Detesto esta pregunta tanto como cuando me preguntan qué es la elegancia» (Risas)

Pues por hablar: ¿qué es la elegancia?
No es el dinero, no es el equilibrio —porque el equilibrio se inventó para romperlo—, no sé… Es la típica pregunta que se hace a todas horas en el mundo de la moda que realmente no aporta nada.

«¿Qué es la elegancia? Alexander McQueen y Martin Margiela, eso es la elegancia»

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